miércoles, 17 de abril de 2013

La burbuja verde fantasmal


Antes de morir, las estrellas del tamaño del Sol se convierten en pequeñas y débiles estrellas enanas blancas. En su último suspiro (que dura decenas de miles de años) sus atmósferas son lanzadas al espacio y se ven rodeadas por una nube brillante de gas ionizado. Es lo que se conoce como nebulosa planetaria, un fenómeno que visualmente encuentra similitudes con la vista de un microorganismo desde un microscopio.

La imagen de esta nebulosa obtenida por el telescopio VLT (Very Large Telescope, Telescopio Muy Grande, en español) del Observatorio Europeo Austral, en el desierto de Atacama, es la más precisa obtenida nunca de este tipo de objetos. Se trata de la nebulosa IC 1295, en la constelación de Scutum (El Escudo), donde la sonda espacial Pioneer 11 tenía pensando dirigirse en 1973, antes de dejar de enviar señales en 1995 y comenzar a viajar a la deriva.

Las burbujas que se observan están formadas por el gas que formaba parte de la atmósfera de la estrella. Al ser expelido por reacciones de fusión en el núcleo de la estrella, se produjeron expulsiones de energía que formaron tales erupciones. El gas está bañado por una fuerte radiación ultravioleta procedente de la anciana estrella, lo que le dota ese característico brillo. Los diferentes elementos químicos brillan en diferentes colores y la prominente sombra verdosa que destaca en IC 1295 proviene del oxígeno ionizado.



El intenso brillo en el centro de la imagen se corresponde con el remanente del núcleo de la estrella. Ésta se convertirá en una estrella enana blanca muy débil, y a lo largo de miles de millones de años, irá enfriándose lentamente. Este proceso lo sufrirá también, dentro de 4.000 años, nuestro Sol , que tiene 4.600 millones de años y una masa similar.

A pesar de denominarse nebulosas planetarias, estos enormes objetos no tienen ninguna relación con los planetas. Fueron acuñados de tal modo por su parecido con planetas exteriores como Urano y Neptuno cuando fueron descubiertos. En el siglo XIX se descubrió que se trataban de objetos de gas brillante, pero se mantuvo su nombre.

Fuente: El Mundo

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