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miércoles, 26 de junio de 2013

Del crecimiento vegetal y su dirección

Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han identificado parte del mecanismo molecular que coordina la dirección de la expansión celular de las plantas, un proceso fundamental para la adquisición de la forma. Este trabajo, en el que también ha participado el Departamento de Medioambiente, Agronomía y Producción de Cultivos de la Universidad de Padua (Italia), ha sido publicado en la revista Current Biology.
El desarrollo de las plantas se basa en patrones específicos de división y expansión celular. La dirección de la expansión celular viene determinada por los microtúbulos, estructuras tubulares de las células eucariotas responsables de la división celular compuestas principalmente por una proteína llamada tubulina. Pero se desconoce qué mecanismos moleculares regulan la disposición de los microtúbulos.
“Entre las moléculas que influyen en la dinámica de los microtúbulos se encuentran las hormonas giberelinas, que promueven la expansión celular y además hacen que los microtúbulos se orienten perpendicularmente al eje de crecimiento de la planta. La incógnita era cómo se coordinaban estos dos procesos”, explica Miguel Blázquez, investigador del CSIC en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas, centro mixto del CSIC y la Universidad Politécnica de Valencia.
Célula vegetal en la que la predolfina está en parte en el citosol y en parte en el núcleo./ CSIC

Según comenta el investigador del CSIC David Alabadí, “durante la investigación se ha observado que la orientación de los microtúbulos depende de la interacción física entre las proteínas DELLA del núcleo de la célula y de la prefoldina, una proteína cuya función consiste en ayudar a otras proteínas a adoptar un correcto plegamiento que les permita desempeñar su función biológica. En presencia de giberelinas, las proteínas DELLA se degradan y la predolfina permanece en el citoplasma y es funcional. Sin embargo, en ausencia de giberelinas, la predolfina se localiza en el núcleo celular, lo que compromete disponibilidad de tubulina y afecta a la organización de los microtúbulos”.
La relevancia del hallazgo reside en que “pone de manifiesto el papel de las proteínas DELLA como coordinadoras de varios procesos necesarios para el crecimiento vegetal y responde a la pregunta de cómo se coordinan los procesos de expansión y dirección celular”, añade Blázquez. “La alteración de la función de la predolfina debido a la interacción entre proteínas había sido observada previamente en células animales durante infecciones virales, donde actúa como factor de transcripción genética, lo que plantea la pregunta de si la predolfina puede tener más funciones en las células vegetales”, concluye Alabadí.
El trabajo ha permitido diseccionar los distintos cometidos que cumplen las proteínas DELLA y proporciona una estrategia futura para separar sus funciones, algo esencial  en casos en los que se quiere modificar una de las funciones de las giberelinas sin alterar las otras. La investigación podría tener importantes aplicaciones en el sector agronómico ya que proporciona claves para modular la forma de las plantas.
Fuente: CSIC

martes, 10 de enero de 2012

De tortugas y resurrecciones


Cuando Darwin llegó a Las Galápagos, en 10 de las islas más grandes del archipiélago había tortugas terrestres y todas eran especies diferentes. Dos de ellas se han extinguido por la presencia humana y de otra de ellas (isla Pinta) sólo queda un ejemplar. Las desaparecidas son las de isla Fernandina y las de isla Floreana, y precisamente, en esta última isla Darwin decía que se podían capturar 200 en un día.

Durante décadas, el triste destino de las tortugas de Fernandina y de Floreana ha sido un tema clásico de la literatura sobre Galápagos, que ha mostrado el daño producido por el hombre tras su entrada en el paraíso.

Ahora, sin embargo, la historia acaba de dar un giro insospechado. Investigadores de Yale aseguran que la tortuga no está extinta y que deben quedar decenas de ejemplares viviendo en la más grande de las islas del archipiélago, Isabela. Debieron ser llevadas allí en algún momento del siglo XIX por el hombre y han seguido procreando, porque los científicos han encontrado a sus descendientes, ejemplares híbridos mezclados con la tortuga propia de allí.


Todo es fruto de un trabajo llevado a cabo por biólogos de la Universidad de Yale y publicado en la revista 'Current Biology'. El trabajo sugiere que los descendientes directos de al menos 38 individuos de pura raza de la tortuga de Floreana (Chelonoidis elephantopus) viven en las cuestas volcánicas de la costa norte de la isla Isabela, a más de 300 kilómetros de su hogar ancestral en Floreana.

En la isla Isabela, que es la más grande del archipiélago y tiene cinco conos volcánicos, alguno de ellos activos, viven unos 7.000 ejemplares de tortugas, divididos en dos especies, la del sur (Chelonoidis vicina) y la del norte (Chelonoidis becky). Los investigadores visitaron el extremo norte de la isla y tomaron muestras de 1.600 tortugas y los compararon con una base de datos genética de las especies vivas y extintas. Lo hicieron en torno al volcán Wolf, al norte de la isla.

Un análisis posterior detectó, sorprendentemente, los patrones genéticos de la tortuga de Floreana en 84 ejemplares, de una forma que indicaba claramente que uno de los padres de la tortuga había sido un miembro de raza pura de la especie desaparecida. Además, algunos de esos ejemplares eran sumamente jóvenes, pues 30 de los 84 híbridos tenían menos de 15 años, lo que invitaba a pensar que los progenitores deben seguir vivos dado que la longevidad de estos animales es grande y se ha sabido de ejemplares que han alcanzado casi los dos siglos en cautividad.


Estudiando los patrones genéticos de los híbridos encontrados, los científicos han llegado a la conclusión de que tiene que haber al menos 38 ejemplares puros de tortuga de Floreana viviendo en Isabela para haber producido ese número de vástagos y con esa variedad genética.

"Hasta donde sabemos, este es el primer informe del descubrimiento de una especie por medio de seguimiento de las huellas genéticas dejadas en los genomas de su descendencia híbrida," afirma Ryan Garrick, de la Universidad de Mississipi y autor líder del artículo aparecido en 'Current biology'.

Los autores del estudio consideran que sería conveniente buscar a los ejemplares puros que quedan en la isla para intentar montar con ellos un centro de reproducción que permita recuperar la especie. Según su trabajo, hay bastantes ejemplares y variedad genética como para asegurar la viabilidad de la descendencia. Además, afirman que, aunque no hubiera suficiente cantidad de ejemplares puros, la cría intensiva de los híbridos entre sí podría permitir recuperar la especie de Floreana.

Los investigadores no pueden asegurar cómo es posible que las tortugas de Floreana aparecieran en Isabela, pero teniendo en cuenta la intensa caza, tráfico y comercio que el hombre realizó durante siglos, están convencidos de que algún barco las cargó en una isla y las abandonó en la otra. Sin saberlo, estaban salvando los últimos ejemplares de la extinción en su hogar natal.


Fuente: El Mundo